La meta de los 158 y el mito de la emergencia en el embalse

El medio metro que ganó, gracias a las últimas lluvias, el nivel de agua del dique Paso de las Piedras hace dirigir todas las miradas hacia el objetivo deseado: la salida de la emergencia hídrica.
     
 

Para cumplir con esa aspiración la cota del embalse deberá crecer desde los 156,95 metros que evidenciaba ayer a los 158 metros sobre el nivel del mar.
     
Sin embargo, esos 105 centímetros que faltan, ¿significan realmente algo o sólo constituyen un simple hecho anecdótico para demostrar la recuperación, o no, de las reservas del dique? 
     
Evidentemente, llegar a los 158 metros no constituye algo que merezca demasiada importancia, salvo para alguno que otro titular periodístico, porque así como ese nivel puede ser superado en cuestión de días, también es cierto que luego de varias jornadas sofocantes y sin lluvias, puede caer de manera inmediata.
     
Entonces, ¿si esa marca vuelve a caer por debajo de los 158, habremos entrado nuevamente en emergencia hídrica? Y si vuelve a superarla, ¿habremos salido nuevamente?
     
De hecho, y aunque los funcionarios de la Autoridad del Agua y los especialistas no lo admitan, Bahía Blanca salió de la emergencia hídrica y logró alivio en febrero de este año, cuando lluvias de magnitud hicieron que las reservas del embalse se recuperaran de manera muy importante.
     
Y para robustecer esta postura, sólo basta recordar que la emergencia hídrica recién se decretó en agosto de 2009, cuando Paso de las Piedras evidenciaba un panorama desolador y una cota de dos metros y medio por debajo de la actual.
     
Incluso por entonces la principal fuente de agua potable para las poblaciones de Bahía Blanca y Punta Alta contaba con menos del 25% de su capacidad y, pese a estar en alerta amarillo, dicha situación no había sido comunicada oficialmente a la comunidad.
     
Entonces, ¿como se entiende esta meta de los 158 metros para salir de la emergencia? Indudablemente la respuesta tiene que ver más con la necesidad de mantener los consumos domiciliarios e industriales en cifras racionales, sobre todo hasta que puedan llegar nuevamente épocas de bonanza.

Fuente: La Nueva Provincia

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