El exceso de velocidad es una constante, entre el canal Maldonado y la ruta 33 (ex Camino Parque Sesquicentenario). En un año y medio ya fueron atropellados dos niños.
La calle Don Bosco, desde el canal Maldonado hasta la ruta 33 (ex Camino Parque Sesquicentenario), representa uno de los accesos más transitados y peligrosos de la ciudad.
Por allí circulan diariamente, a elevadas velocidades, miles de automotores de todo tipo y tamaño.
Según vecinos del sector, los problemas se agravan porque dicho tramo no cuenta con ningún reductor de velocidad, situación que ya generó múltiples accidentes e, incluso, que al menos dos niños hayan sido atropellados en el último año y medio.
Para agravar aún más la situación es frecuente ver cómo el agua de lluvia proveniente de los sectores más altos, por caso el barrio Mara, se deposita sobre la cinta asfáltica, debido a que todas las calles perpendiculares a Don Bosco tienen una pendiente hacia dicha arteria, lo cual genera escarcha durante el invierno y es motivo de numerosos accidentes menores.
Vecinos e instituciones radicadas en las inmediaciones mencionan que el problema tiene larga data e incluso elevaron reclamos al municipio y al Concejo Deliberante, ya que cientos de chicos de los barrios Primero de Junio y Nueva Esperanza (construido mediante una operatoria del Plan Federal) la deben cruzar obligatoriamente para asistir a la Escuela Nª 75 o al jardín de infantes Nº 929.
El club La Armonía tiene sus campos de entrenamiento a la altura del 2400 y, de lunes a viernes, unos 260 chicos de las divisiones inferiores realizan las prácticas de entrenamiento.
"Para nosotros el tránsito de Don Bosco es un problema que tiene varios años, incluso elevamos petitorios al municipio firmados por vecinos y socios para que construyan lomos de burro en la zona, ya que durante los fines de semana la asistencia de chicos en el lugar se multiplica por la llegada de equipos visitantes", relata Aníbal Pereira, presidente de la institución.
La peligrosidad de la avenida ya tuvo sus víctimas. Un mes atrás, durante un partido de fútbol de la Liga Comercial, un niño de aproximadamente 10 años quiso cruzar al kiosco ubicado frente al club y fue arrollado por una moto.
"El chico terminó con una pierna quebrada. Había acompañado al papá que juega en un equipo de esa liga y que a su vez alquila nuestras canchas laterales para la disputa de cotejos, pero estamos cansados de reclamar y que no se haga nada", sostuvo.
Otra víctima fue Silvano, un adolescente que pretendía abordar un colectivo en la esquina de Don Bosco y Enrique Julio, pero fue atropellado al intentar cruzar. El hecho ocurrió en mayo de 2010 y su madre, Débora Wilches, quien vive en el barrio Nueva Esperanza, recuerda el hecho.
"Mientras me acercaba al lugar, porque veía cómo la gente se acumulaba dando indicios de que algo había pasado, me repetía a mí misma `que no sea Silvano'. Pero cuando llegué a la esquina mi hijo estaba tirado en el piso boca abajo, inconsciente y perdiendo sangre por la nariz", relata con los ojos cargados de lágrimas.
Si bien el chico salió ileso -- según su madre por tener un Dios aparte-- desde ese momento la mujer comenzó una campaña para evitar que otras madres tuvieran que pasar por esa experiencia.
"Escribí cartas al municipio y a la presidenta del Concejo Deliberante, Marta Castaño, solicitando la construcción de un lomo de burro en esa esquina. Hasta el momento, si bien colocaron un cartel que advierte la presencia un reductor de ese tipo, no se hizo nada", explica Wilches.
Pero sus problemas no terminaron ahí. También denunció los malos tratos recibidos por parte del personal del servicio de emergencias que asistió a Silvano, ya que con su hijo inconsciente dentro de la ambulancia, uno de los choferes amenazó con bajarla del vehículo si gritaba.
"Eso es poco en comparación a la hora que pasamos dentro del vehículo estacionados en la esquina de Viamonte y Juan Molina porque, según decían, no había lugar en el Hospital Municipal para trasladar a Silvano. Esas cuestiones las hablé con el concejal Esteban Obiol, quien me prometió hablar con el director del hospital, pero nunca más me llamó", dice.
Olmo Pérez tiene su casa en la esquina donde ocurrió el accidente de Silvano y al ser consultado por los problemas del sector responde de manera inmediata: "Esta esquina es un peligro para los chicos que van al colegio, ya que a la mañana temprano está oscuro, toda la calle escarchada y el tránsito es incesante y muy rápido".
--¿Se complica el cruce?--, se le preguntó a Gabriela Carracedo mientras intentaba cruzar con el carrito de su bebé la calle Don Bosco, a la altura de Enrique Julio.
"Es tremendo, pedimos un semáforo tiempo atrás pero como están las vías a dos cuadras, nos dijeron que no se podía. De todos modos pusieron un cartel de lomo de burro hace dos semanas, aunque hasta ahora no se hizo nada. El problema es que son muchos los chicos que cruzan para ir a la escuela y al jardín".
"Qué hicieron los ingenieros"
Para los vecinos del barrio Aerotalleres, la calle Don Bosco es el desagüe natural del agua de lluvia proveniente de todos los sectores aledaños.
"La verdad que no entiendo qué hicieron los ingenieros que hicieron la pendiente para que el agua desagote en esa calle", dice Nélida Ortiz, kiosquera.
Para evitar esta situación existen dos profundos badenes en las intersecciones de Don Bosco y Nicolás Pérez, y Don Bosco y Presbítero Biggio. Pero, si bien uno cumple su función eficientemente, el otro desagota en una calle de tierra generando muchos inconvenientes.
"Sería bueno que se ensanche Don Bosco, ya que las veredas de la zona donde hay varias empresas tienen más de 5 metros de ancho y terminan sirviendo de estacionamiento para los autos de quienes trabajan ahí", comenta Ortiz.
Una consulta realizada por este diario en la Comisaría Quinta, con jurisdicción en el lugar, ratifica los dichos de los vecinos y señala que no muchos hechos son denunciados, pese a que son frecuentes los accidentes menores en la zona.
Una rotonda que sumó seguridad.
Dentro del tramo aludido, la calle Don Bosco fue objeto tiempo atrás de una importante mejora vial que le otorgó seguridad al por entonces punto más crítico: su intersección con las calles Gardel y Francia y las vías del ferrocarril.
La solución municipal consistió en la ejecución de una rotonda en la que se invirtieron más de un millón de pesos aportados por el gobierno nacional mediante el convenio marco "Obras para todos los argentinos".
"Por aquí pasan 500 vehículos por hora y eso generaba una congestión importante. Por otra parte, era una obra largamente reclamada por los vecinos, teniendo en cuenta los accidentes que aquí se registraban", señalaba durante su inauguración, en 2009, el intendente Cristian Breitenstein.
Fuente: La Nueva Provincia
