Los vecinos de los barrios próximos al Camino Parque Sesquicentenario, muchos de ellos jóvenes profesionales, cuentan cómo viven sin servicios básicos como el gas, agua corriente y cloacas. Aun así, priorizan la tranquilidad de aquellos lugares.
La zona circundante al Camino Parque Sesquicentenario, a 15-20 minutos del centro, continúa representando para los bahienses una mezcla de campo y ciudad.
Las casas construidas a metros del predio de la FISA tienen un patio tan extenso que parece interminable. De hecho, donde terminan esos lotes, se termina la Bahía urbana.
Los vecinos son en su mayoría jóvenes profesionales de entre 30 y 40 años que intentan escaparse del centro o los barrios más populosos.
Sergio Rodríguez explica que en su afán de alejarse de la oficina céntrica donde trabaja buscó el lugar más tranquilo posible para iniciar una vida en familia.
"Acá no hay servicios de nada, pero tenés la suerte de estar muy tranquilo. En cuanto a la inseguridad, no me ha tocado, pero acá es más probable encontrar un cadáver a que te roben", relata entre risas.
"Es un lugar ideal para que jueguen los chicos, pero sin embargo faltan algunos servicios como el agua corriente en varias casas, el gas en otras y las cloacas para la mayoría", comenta.
Perdidos entre una zona pujante, habitada por matrimonios recién formados, también viven dos abuelos llamados Filomena Torres y Joaquín Baraona, quienes llegaron de Chile hace 36 años y nunca regresaron.
Sus historias marcan una excepción a las reglas del lugar. Vivían en la estación de servicio abandonada en una de las curvas de la ruta 33, en muy malas condiciones, pero gracias a la ayuda de Rodríguez tienen un techo bajo el cual vivir.
Cuando Sergio compró el terreno, les dio un pequeño departamento al lado de su casa. El hombre de 76 años cuenta con una jubilación mínima que les permite subsistir. Y aunque aseguran llevar años inscriptos en el Instituto de la Vivienda, aún no han sido beneficiados.
Pasar el invierno.
Cruzando la ruta en dirección al centro nace Villa Nueva Belgrano, cuyos lotes de 16 por 25 metros cuestan en la actualidad unos 20.000 dólares, si es que no tienen los servicios de agua o gas. En caso de tenerlos, esas cifras alcanzan los 30.000 dólares.
"Hay muchas casas que no cuentan con el servicio de gas y ninguna tiene cloacas. Pasar el invierno en el barrio es complicado, ya que el frío es 3 o 4 grados menor que el de la ciudad", comenta Claudia Martín, quien vive en el lugar desde hace tres décadas.
"Por la falta de gas y cloacas hay un jardín de infantes que se terminó de construir, pero no se puede inaugurar, por eso las clases se siguen dictando en la sede de la sociedad de fomento", explica.
Tampoco cuentan con obras de asfalto, aunque una encuesta realizada por Martín resume que, desde avenida Alem hasta la calle Oliverio Girondo, poco más del 70% de los vecinos podría pagar por una obra de cordón cuneta.
"Todos los años lo prometen pero hasta ahora no hay novedades. Hemos hablado con el delegado municipal del sector, Eduardo Bidondo, y le entregué los resultados de esa consulta que hice puerta a puerta", dice.
También es notoria la falta de mantenimiento de algunos terrenos, ya que algunos propietarios invierten su dinero en esos lotes y sólo esperan la suba de sus precios. Como consecuencia, dejan los pastizales altos, provocando la proliferación de insectos, roedores y suciedad.
En cuanto a la inseguridad, Martín comentó que le quisieron robar al menos tres veces en los últimos años, aunque lleva 30 viviendo en la barriada. A pesar de esos hechos, aseguró que su vida es muy tranquila.
TV y disputa.
"Otra cuestión importante es aprender a entretenerte con otra cosa que no sea la televisión, ya que sólo tenemos el servicio de una empresa de TV satelital, que yo preferí no contratar", dice Eduardo Martínez, también de Villa Belgrano.
"Poner el gas en una casa te cuesta entre 7 y 8 mil pesos, ya que el cruce de calle cuesta una fortuna. El que no cuenta con el servicio, durante el invierno se muere de frío", agrega.
"Esta zona de quintas es en verdad la Nueva Villa Belgrano, pero una disputa entre las sociedades de fomento de los dos barrios generó que a la vieja Belgrano le pongan `Nueva', y a la nueva la llamen `Vieja'", cuenta.
También, el agua
Atravesando la zona de quintas comienza el barrio Paihuén, que a pesar de tener un nombre distinto exhibe los mismos reclamos: falta de gas y cloacas. Aún así, recorrer el lugar demuestra que sus habitantes también llevan una vida tranquila.
Separado por la ruta 3 nace el barrio Parque Norte, cuya sociedad de fomento es presidida por Héctor Alvarez, quien dice ser el más viejo del barrio, a pesar de tener algo más de 50.
"Tiempo atrás solicitamos al municipio la construcción de un acceso al barrio, que se hizo un mes atrás. En estos momentos estamos con tratativas para cambiar los nomencladores de las calles, que están en muy mal estado", comentó.
Los problemas en el barrio tienen que ver con la gente que compra terrenos como inversión y no los mantiene, aunque la falta de servicios en algunos sectores también es una carencia relevante.
"El agua que sale de las canillas es de pozo y tiene altos valores de flúor y arsénico, por lo que los vecinos en general compramos bidones o traemos agua del surgente", detalló.
Colectivos.
Muchos coinciden en que resulta insuficiente el servicio de micros urbanos. Por lo tanto, vivir en un lugar como Parque Norte implica pensar en tener dos autos. "A nivel de la delegación municipal, hay que insistir mucho para que se haga algo. La luminaria la tuvimos que pedir durante cinco años para que finalmente la coloquen el año pasado", dice Héctor Alvarez.
Fuente: La Nueva Provincia
